Dr.GutiérrezLaboy

No he logrado encontrar respuesta a la interrogante
del porqué somos como somos, pero una cosa he
aprendido: siempre hemos sido como somos.

Los Poemas De Amor De Pablo Le Riverend
Roberto Gutierrez Laboy
Universidad De Puerto Rico, Recinto De Rio Piedras

(Ponencia de la sesión en memoria de Pablo Le Riverend del XXIX Con­greso Anual del Círculo de Cultura Panamericano. Versión original publicada en Círculo: Revista de Cultura 21 (1992): 99-105)

Cuando en 1978, el recientemente fallecido poeta cubano Pablo Le Riverend publicó su decimoctava obra en el exilio, Ir tolerando el látigo del tiempo, fui uno de los muchos seguidores de su quehacer poético que se asom­bró al descubrir el contenido de la misma. Y no era para menos. Acostumbra­do como estaba a los temas de la muerte, el exilio y como consecuencia el dolor causado por la ausencia de la patria, característicos de su producción poética, este libro nos proveia de otro marco de referencia para conocer una nueva di­mensión del mundo poético, así como “la verdadera personalidad”, de quien era uno de los más distinguidos y prolíficos autores de la diáspora cubana. He puesto énfasis en la verdadera personalidad de Le Riverend porque los que conocimos de cerca al Pablo-hombre (de came y hueso como diría Unamuno), además del Pablo-poeta, sabemos que la angustia existencial que lo dominaba, que era la distancia de la patria, no le permitía ocuparse y por lo tanto expre­sarse sobre ningún otro asunto que no fuera los que asociaba con su condición de exiliado. Estos temas los trató muy reflexivamente en obras como las que tituló Cantos del dilatado olvido, Pena trillada, De un doble, Donde sudan mis labios y Un aliento de poros, entre otros. Titulos muy sugestivos que de por sí ya muestran el mundo agónico de nuestro poeta.

Sin embargo, con la publicación de este libro, Ir tolerando el látigo del tiempo, Le Riverend nos presentó su veta neorromántica, ya que el hilo con­ductor por el que en él se transita es el amor. En él su autor muestra una fina sensibilidad, acaso desconocida en los poemas de Le Riverend hasta entonces, ante lo que considero que es el sentimiento vital de nuestra tan compleja exis­tencia. 1

El propio Le Riverend me confesó en cierta ocasión que esta obra repre­sentó para él un remanso, un paréntesis catártico dentro de su usual temática lírica. Pensé entonces, y hoy estoy más convencido, que más allá de aquella fé­rrea personalidad que Le Riverend mostraba en sus poemas, existía un alma llena de amor verdadero y de nobles propósitos. Ya el critico cubano Elio Alba Buffill se había percatado de una manera de amar de Le Riverend cuando escribe:

En Le Riverend el afán de crear liricamente es una manera, la más ge­nuina, de amar, en definitiva poeta es todo aquel que ama. Pablo re­cuenta su vida como un solidario solitario, antítesis barroca que pinta claramentc su existcncia como la del hombre transido de amor por sus semejantes que fue y sigue siendo. Precisamente su dolor, su angustia, ha sido la fuente que animó su manantial lírico. La belleza que plasma en sus poesías es la sublimación de su amor, es otra manera de su solida­ridad vital. 2

Empero, Le Riverend muestra otra forma dc amar en Ir tolerando el látigo del tiempo. El amor apasionado del que es capaz de entregar.

Desearía hacer unas consideraciones, tal vez filosóficas, sobre la idea del amor. No obstante, sería una futil faena, puesto que como alguien ya señaló, creo que Oscar Wilde, el amor es un misterio mayor que el de la muerte. Ade­más, el amor es un sentimiento que todos, de una u otra manera, en nuestra vida hemos experimentado por lo que considero innecesario entrar en estos te­rrenos. Pasemos mejor a examinar el tratamiento dcl sentimiento amoroso en la poética de Le Riverend.

La obra lírica de Pablo Le Rivcrend de temática amorosa se perfila en va­rios asuntos fundamentales tales como la pasión, la distancia y ausencia de la amada, el erotismo, la esperanza, etc. Temas que demuestran un neorromanti­cismo intimista de excelsas cualidades.

El amigo, y también poeta cubano, Alberto Romero refiriéndose a la poe­sía amorosa de Le Riverend (específicamente a Ir tolerando el látigo del tiem­po) senaló que:

La poesia dc Le Riverend es, en este poemario, más testimonial que en sus anteriores libros y si bien en algunos poemas tal parece que sólo pre­tende presentar una “historia de amor”, no es éste el verdadero motivo de la totalidad de la obra, sino una enseñanza de la cual pudieran apren­der ciertos poetas trasnochados o amadores de ocasión. El amor perdu­ra a través del tiempo y de la distancia, nos quiere decir el poeta. Pablo Le Riverend, nos ofrece, en sus 70 años, un libro dc joven y para jóve­nes: un libro para aquéllos que aman, o que amaron o que siguen cre­yendo en el amor como fuerza sustentadora, como atributo divino. 3

En efecto, los poemas de amor de Pablo Le Riverend parece que se refieren a experiencias relativamente lejanas y que han quedado como un recuerdo en la memoria del poeta. ¿Por qué, entonces, escribe versos de amor a la altura de sus 70 años? El propio poeta, nos da la respuesta cuando escribe:

Soñé tanto contigo que la fuente enmudeció en el sueño. Soñé tanto contigo que volví a ser niño de nuevo. Soñé tanto contigo, tanto y tanto, que agoté el repertorio de mis futuros cantos, de mis futuros versos... (26)

Esto es, el amor lo rejuvenece, lo hace sentir “niño de nuevo”. Las vivencias del pasado parece que le mantienen animada su vida interior. Al parecer, esto nos explica el por qué Le Riverend reune sus versos de amor en un poemario que pone por titulo Ir tolerando el látigo del tiempo.

Ahora bien, él no se olvida de su presente estado temporal, ni vive una fantasía juvenil que lo mantenga enajenado. El poeta ama desde la vejez, por lo que dice:

Si yo tuviese una guitarra la tocaría. Si supiera música tocaría la guitarra profunda como un gongo. Si yo tuviese una guitarra ahora mismo, “en mi clara vejez” la tocaría como toqué la piel hace ya tantos años, la piel de mis mujeres, unas lindas mujeres sin espejos inútiles. (34, énfasis mio)

Mas, ¿qué es el amor para nuestro poeta? Para él, el amor es una “humana elevación” (45). Una humana elevación en la que se es por “ella”, por la amada. El existir adquiere sentido cuando se ama. Por eso nos dice el poeta:

Déjame ser una “memoria” tuya, un recordar aislante de más fuerza; “afirmándose”. Déjame ser tu reflejo o el humilde riachuelo que pasaba cerca de nuestra casa; déjame por lo menos tu voz y una triste sonrisa, suficiente para engañar a las penas e ir tolerando el látigo del tiempo... (11, énfasis mío)

La identificación del poeta con la amada, repetimos, le da sentido y - más que sentido - significado a su existir. Los misterios de la vida se vuelven simples, sencillas ecuaciones de fácil entendimiento porque el amor lo aclara todo. Además, lo trivial cobra nueva dimensión cuando se ama:

Para enterrar el tiempo digo amor y todo se esclarece: la sed de la botella, tu mancha en la ventana de cristal; se borran los relámpagos y cesan los secretos... Digo amor y todo se esclarece: descifro la lluvia de punteo misterioso, el caracol de la vieja escalera y los clavos del piso desclavado que rechinan; el río tarareando en la sombra y cesan los secretos. (13)

Su sensibilidad amorosa es tan profunda que inclusive, el poeta se fusiona con la persona amada, lo que demuestra en versos como los siguientes: “Pero te quiero, /hasta que se conviertan en polvo /mis huesos en tus huesos” (26) y “Y morir cada día... /Y sigo en la manía de hablar solo. /Solo, /pero contigo (28).

Lo que anima al poeta a vivir es la esperanza de recobrar la presencia de la amada y no deja de “ser”, precisamente porque ella “es" :

Déjame por lo menos tu voz, -aquella que escondida entre las ramas del flamboyán azul me dijo adios activa de esperanza. (11)

Y, en unos versos sencillos nos dice tajantemente, “Por el camino del amor /—tan trillado— nos llega la esperanza.”

Pero esa espera, en los versos del poeta, a veces se torna desesperante y le sobreviene la angustia de saberse solo, sin la presencia de ella:

A la orilla de una espera, en el centro del fulgor ayer estaba la tarde propicia para el amor. Esperando y esperando vi crecer la tarde, y yo sobre un corazón cegado desvalido sin canción.

No obstante, en los poemas de amor de Pablo Le Riverend no desapare­cen los temas que caracterizan su quehacer lírico y que antes mencioné. En ellos se pueden apreciar, junto a su sentimiento amoroso, sus preocupaciones vitales. Así, la ausencia de la patria quiere ser, en parte, recobrada en el re­cuerdo del amor perdido. 4 En un poema impregnado de melancolía se expresa de la siguiente manera:

Asomarme de nuevo a tu alegría, a la alegría que perdí; grabar mis pasos en las baldosas rojas y antes de entrar en la cocina acariciar el gran aparador y la alacena del comedor brillante. (el Sol visitaba allí su casa); subir las escaleras, añadir un poco de poesía lejana, la que traigo tras doce años de fuga; sonreir a los pocos vecinos amistosos que todavía queden; atravesar la calle para ver los jardines, aun aquellos invadidos por hierbas parásitas que no aguardan tu mano jardinera, que ya no esperan nada (que no esperan a pablo). (23)

También, el tema de la muerte, tan constante en la obra de Le Riverend —sobre todo en la que ha sido considerada su mejor obra, De un doble- se asoma, por decirlo así, en su poesía amorosa.5 Ahora bien, el tema de la muerte asociado al sentimiento amoroso adquiere una nueva faceta al añadírsele un nuevo elemento: la amada. Si en una obra anterior el poeta asegura que una vez muerto no morirá del todo porque, como él decía, “Renaceré mi vida en un poema”, 6 en Ir tolerando el látigo del tiempo morirá acompañado:

Yo le hablaré al mundo cuando esté muerto. Y no valdrán las lluvias, la soledad, el tiempo, aventando cenizas de lo que fue mi cuerpo. Diré mis temas esenciales al alcance del cielo, sin nubes ni sombríos olvidos, amiga mía, cuando esté muerto. Me secarán los ojos y el viento podará mi estatura; los días y los días e invierno tras invierno trabajarán mis huellas “Y estarás a mi lado en un poema cuando haya muerto” (48, énfasis mb)

Como espero haber mostrado, Le Riverend manifiesta en su poética amo­rosa un intenso lirismo que le ganó un sitial honroso junto a los poemas de amor de su siempre venerado compatriota José Martí y del gran poeta chileno Pablo Neruda, del que decía preferir los Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Sirvan estas palabras de homenaje, en esta ocasión, de mi querido amigo y nunca olvidado poeta Pablo Le Riverend. Si me permiten finalizar mi inter­vención con una anéctoda personal les diría que cuando llegué a estas tierras en 1976 a la edad de 20 años conocí a Pablo, rondaba él cerca de los 70. Fue para mí, un amigo, un mentor, un maestro, el padre que aquí no tenía. Me apoyó, tuvo esperanzas en mí, me animó y me encaminó en el complejo sende­ro de la poesía. Considero que esa disposición de Don Pablo Le Riverend forma parte también de sus poemas de amor.




NOTAS
1. Le Riverend ya había incursionado en el tema del amor en su primer libro publicado en el exilio, Glosas martianas (1962), y en otros que le siguieron. No obstante, poco a poco iría alejándose de esta temática hasta la publicación de Ir tolerando el látigo del tiempo (1978). Esta es su única obra de madurez en que abordará el amor como tema poético. Algunos de los poemas de esta obra los incluye en antologías suyas.
2. Elio Alba-Buffill, prólogo, Con una salvedad congruente..., por Pablo Le Riverend (Barcelona: Rondas, 1979): 9.
3. Nota de contraportada en, Pablo Le Riverend, Ir tolerando el látigo del tiempo (Hoboken: Ediciones Contra Viento y Marea, 1978). Los poemas que se citan en este trabajo provienen, a menos que se indique otra cosa, de esta edición, por lo que sola­mente se anadirá el número de la página después de cada cita.
4. El crítico italiano M. Vincenzo Josia ha señalado que “El tema predominante en la poesía de Pablo Le Riverend es el que se podría llamar ‘La condición espiritual del deste­rrado...’, en “Pablo Le Riverend y la poesía del destierro (Hijo de Cuba soy, me llaman pablo),”Círculo: Revista de cultura 12 (1983): 89.
5. Para una exposición del tema de la muerte en la poesía de Le Riverend véase a Orlando E. Saa, “Un aspecto de la poesía de Pablo Le Riverend, De un doble,” Círculo: Revista de cultura 13 (1984): 105-11.
6. De un doble, 2da. ed. (Barcelona: Rondas, 1979) 30.